Buenas tardes de frío domingo:
Hace algunas semanas escribí en el diario “Ideal” de Granada un artículo en el que mencionaba que en estos tiempos de crisis a veces nos queda como recurso más importante la imaginación. Hoy me quiero hacer eco de dos ejemplos claros que podemos ver en las últimas fechas. Ambos casos son reinvención pura, no hay mucha novedad.
Desde hace siglos, el café ha sido un producto muy consumido. Pero desde hace dos años, Nescafé a través de su marca “Nespresso” ha obtenido una importante cuota de mercado de consumo de café en los hogares. El éxito comercial no tiene mucho secreto, es puro marketing: una buena campaña de publicidad (George Clooney), y un bonito diseño de las capsulitas de colores y de las cafeteras. Yo mismo tengo una de estas cafeteras. Y creédme, el café no está ni la mitad de bueno que el que me tomo todas las mañanas en la cafetería de la esquina de mi casa. Esto ha obligado a un gran número de marcas a sacar sus propias cafeteras con recambios, pero quizá lleguen un poco tarde, o a lo mejor deberían regalar las cafeteras… quizá de esta forma logren recuperar la cuota perdida respecto de los genios de marketing de Nescafé.
Y una de vampiros. Me refiero a la saga “Crepúsculo”. Hace algún tiempo que estoy sumamente maravillado por este fenómeno cinematográfico, no por su calidad (para un tío de treinta y tantos como yo es un coñazo de película), sino cómo de un tema tan manido como los vampiros se puede seguir sacando beneficio. Más bien, han roto el mercado. Gran parte del éxito se debe a la primera película de la saga, con una puesta en escena y una producción atractiva para un público adolescente-preuniversitario, que luego ha propiciado el tirón a nivel editorial. Han creado una nueva Industria del Vampiro de la nada. Enhorabuena a Stephenie Meyer, a sus herederos y a sus descendientes.
Saludos desde Granada,
Manuel Rejón
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